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PASTRANA-ENTREPEÑAS
Inicia la misión desde las altas llanuras de la Alcarria, cerca de Pastrana, y finaliza en el abrazo agreste de la cuenca del embalse de Entrepeñas. El corredor atraviesa la meseta disecada por el río Tajo, un terreno de crestas calizas ondulantes y valles achicharrados por el sol donde la altitud cambia como el humor de un operador inquieto. Técnicamente, es un avance lento y calculado, un castigo de subidas empinadas hacia las tierras altas disectadas de la Alcarria, seguido de breves treguas en las gargantas sombreadas del Tajo. La velocidad aquí es un lujo; los operadores no encontrarán un ritmo sostenido, solo ajustes microscópicos y constantes, pues el terreno castiga la indecisión con ascensos sinuosos y descensos bruscos y estomacales hacia los valles anegados del embalse. Una ruta tan implacable que hasta un GPS reconsideraría su propia existencia.
